Los perdedores de la Tercera Guerra Mundial

La creación de etiquetas, tales como Tercera Guerra Mundial, Gótico o Edad del Hierro forman parte de los discursos creados por los historiadores y, en consecuencia y como norma general, no surgen sino cuando ya pertenecen al pasado. Por ejemplo, un soldado que luchó en la Guerra de los Cien Años no sabía que estaba formando parte de ella, sino que simplemente sabía que estaba combatiendo en una larga guerra.

Quizá sea por esto por lo que los habitantes del planeta Tierra no decimos que estemos viviendo la Tercera Guerra Mundial. O quizá sea por la mera y pura cobardía de afrontar el hecho de que estamos viviendo la Tercera Guerra Mundial.

Sin lugar a dudas, la guerra ha cambiado. E igual que les sucedió a encopetados caballeros de pomposas armaduras y bruñidas espadas cuando la pólvora irrumpió en el campo de batalla, y peones cejijuntos desertores del arado se permitían la osadía y la falta de decoro de matarlos descargando el contenido de sus arcabuces, los hombres de nuestro tiempo estamos patidifusos sin saber cómo reaccionar a los cambios en la forma de luchar.

Cuando el 11 de septiembre de 2001 dos aviones colisionaron contra sendos rascacielos en Nueva York, un tercero se incrustó en el Pentágono y otro más simplemente se abatió contra el suelo en condiciones que todavía desconocemos, comenzó la Tercera Guerra Mundial. Uno de los bandos, el que inició las escaramuzas, atacó el corazón financiero y de seguridad del planeta con una inteligencia abrumadora y con una economía de medios digna de todo elogio desde el punto de vista estratégico. Este cambio en la situación previa tuvo como protagonista a Osama bin Laden, que apareció en la televisión atribuyendo la paternidad de tal barbarie al grupo terrorista que él mismo lidera: al-Qaeda.

El otro bando, un mes después de esta agresión de profundo calado físico pero más aún simbólico y psicológico, decidió aprobar en el Congreso una resolución que les permitía la intervención armada en Afganistán, con el fin de buscar al enemigo público número uno y ponerlo a buen recaudo.

La táctica de guerra quedó claramente explicitada por uno de los líderes de al-Qaeda, Omar bin Bakri: “Acabaremos con vuestra democracia mediante vuestra democracia”. Y, sin embargo, en Occidente todavía no nos hemos dado cuenta (o por mejor decir, no nos hemos querido dar cuenta) de que esta frase no es una coletilla. Es la constatación de los puntos débiles no de nuestros sistemas de garantías legales, sino de nuestra falta de seguridad en nosotros mismos, en nuestra historia, en nuestra cultura, en nuestros valores, en nuestra superioridad ética y moral en relación (y no sólo) al Islam, en el hecho de que Occidente ha desarrollado la civilización. En el hecho de que no hay civilizaciones, sino civilización o barbarie. Y, sobre todo, es la constatación de que nuestro régimen de libertades está en peligro y que el mayor enemigo lo constituimos nosotros mismos a causa de nuestros complejos sobre la corrección del discurso.

La Tercera Guerra Mundial está en curso. Es un hecho. Y lo más tremendo que podemos constatar, aun sin recurrir a ningún arúspice, es que la vamos a perder. Pobre Occidente.

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2 comentarios

  1. Ariadna

     /  14/03/2008

    Es fantástico constatar que todavía hay personas con las ideas claras. Mucho ánimo en tu recién estrenado periplo!

    Responder
  2. Mmmmm… pues vaya descubrimiento! A ti, que te encantan los titulares pomposos, te ha dado por llamarle Tercera Guerra Mundial. A los USAnos, que ya sabemos como son, les dio por llamarle Guerra contra el Terrorismo. Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando xD

    Responder

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