Hace ya algún tiempo que murió Elisabeth Schwarzkopf (1915-2006), pero yo en aquel momento no tenía un lugar en el que escribir. Y realmente lo necesitaba. Entre otras cosas porque los obituarios que pude leer en la prensa fueron verdaderamente bochornosos y se centraban más en su supuesta ideología que en su aportación musical. Como ella fue famosa por su maravillosa voz y no por ningún cargo político, me apetece escribir unas líneas con mis sensaciones y rendir así mi particular homenaje a esta gran dama de la lírica. Sin lugar a dudas, lo merece.
Lo mínimo que se puede decir de ella es que estuvo entre las mejores sopranos del siglo XX. Sus versiones de papeles mozartianos, tales como la Condesa, Fiordiligli o Doña Elvira permanecerán para siempre en el recuerdo. Su interpretación en operetas de Lehár o Johann Strauss hijo, tales como La viuda alegre, El murciélago, o Una noche en Venecia, son tan memorables como su Gretel en la obra de Humperdinck. Sus escasas incursiones en la ópera italiana, y especialmente en el Turandot que grabó con Maria Callas como la princesa y ella interpretando a Liù, es difícilmente superable. Sin duda, el aria “Signore ascolta” es el ejemplo perfecto que se puede traer a colación.
Sus exquisitas interpretaciones del repertorio liederístico están al alcance de muy pocos. Igual de bien hizo Schubert que Schumann, Wolf que Brahms, Mahler que Richard Strauss o Gieseking.
Y es precisamente en Strauss, una de mis debilidades, donde nos regaló algunos de sus mejores momentos. Su Mariscala en El caballero de la rosa, su Condesa en Capriccio, y su Ariadna permanecerán para siempre como un referente discográfico difícilmente superable.
Más sabia que muchos compañeros de profesión, supo muy bien retirarse a tiempo y dedicarse a la enseñanza, dejando así constancia no sólo de su buen hacer en el escenario, sino también de sus formidables dotes para el magisterio. Como prueba pueden ver este divertido vídeo, en el que enseña a un joven barítono cómo interpretar el aria del catálogo de Leporello.
Con su muerte, una de las últimas grandes divas y una gran dama de la ópera nos abandonaba. Afortunadamente, su abundante discografía, mayoritariamente en EMI y delicadamente producida por su marido Walter Legge, nos queda como testimonio de una hermosísima voz con una solidísima formación en técnica vocal e interpretación.
En Ariadna en Naxo, mientras esperaba por Hermes, cantó una de sus más deliciosas interpretaciones. Su letra comienza diciendo: “Es gibt ein Reich, wo alles rein ist: Es hat auch einen Namen: Totenreich” [Existe un reino en el que todo es puro, y éste tiene un nombre: el reino de la muerte]. Es precisamente en ese Totenreich donde está ella ahora. Allí puede realmente descansar en paz con la certeza de haber transcendido el tiempo y con la satisfacción que da el trabajo bien hecho.

Ariadna
/ 18/04/2008Muy bueno el video. Ya no hay maestros así, para serlo es necesaria una extraordinaria dosis de generosidad y paciencia que desgraciadamente no abundan, por no señalar la sólida formación que está detrás. Hoy día ni siquiera el buen maestro puede ejercer como tal porque reprimiría la personalidad del alumno…y los pedagogos, APAS ups! AMPAS (si se enteran en el ministerio de igualdad…)pondrían el grito en el cielo.
¡Ser autodidacta es demasiado aburrido!