Probablemente sea una de las escasas personas que, teniendo un blog, no tienen conexión a internet en casa. La razón es clara: me conozco y sé que me quedaría pasmado y perdería un montón de tiempo. Esto hace que tenga gran experiencia en el tema que hoy nos ocupa.
Los cíber fetén se caracterizan, en primer lugar, por tener el suelo de cemento, en el mejor de los casos pintado de un color tirando a verdoso, por tener muebles muy cutres de aglomerado de colores claros, poca luz, un toque de suciedad y ponzoña, una leve atmósfera de tugurio, no tener falso techo –ladrillos, cables y tubos a la vista– y, fundamental, no tener calefacción. Cuando no son así, quiebran.
Los clientes de un cíber se pueden clasificar en tres grupos atendiendo al punto de articulación, entendido como el lugar en que sitúan sus manos a la hora de utilizar los dispositivos periféricos del ordenador, fundamentalmente teclado y ratón. A partir de esos detalles, y con pequeñas variantes, sólo con observar de lejos al personaje podemos saber para qué utiliza internet. Se dividen en tres tipos generales:
Tipo I: Mano derecha en el ratón y mano izquierda en el teclado, generalmente en la barra espaciadora. Suelen ser varones de entre 6 y 30 años, y se caracterizan por sentarse muy cerca de la pantalla, mover su cuerpo compulsivamente hacia delante, atrás y ambos lados y, de vez en cuando, pegar pequeños saltos en la silla. Van siempre pertrechados de auriculares y micrófono y gritan como pescantinas vendiendo abadejos, muchas veces para comunicarse con alguien que está en el ordenador contiguo. No hay duda: están jugando a algún videojuego en red.
Tipo II: Las dos manos en el teclado. Claramente están escribiendo algo. Son de sexo y edad variable, pero se subdividen en dos tipologías:
- Suelen estar sentados con la espalda medianamente bien colocada, cara de concentración o incluso de atontados. De vez en cuando pseudo-balbucean alguna cosa y suelen alternar el mirar hacia la pantalla con mirarse las manos. Su ritmo al teclear es más o menos constante. Sin duda, están escribiendo un e-mail.
- Suelen empezar con las piernas estiradas y la espalda colocada en diagonal; mal tirados en una silla, pero en un momento dado se comienza a operar un pequeño cambio en su postura: se van aproximando más y más a la pantalla, la espalda encorvada. Su ritmo de escritura es discontinuo: ora inexistente, ora histérico. Como norma, suelen estar más concentrados que el subgrupo anterior, y su cara es más luminosa, más radiante, muchas veces con un ligero brillo en los ojos y, en ocasiones, con una leve sonrisa “rictual”, mínima. Casi de hiena. No hay duda: están de caza. Chatean en busca de su ración de pecado.
Tipo III: Mano derecha en el ratón e izquierda donde caiga. Igualmente son de edad y sexo variable, y también se subdividen en dos tipos, atendiendo al grado de secretismo:
- Aquéllos a quienes les da igual que los demás vean lo que están haciendo. Poco interesante que decir. Suele ser gente buscando información de cualquier tipo, leyendo el periódico, el e-mail, viendo vídeos chorras o musicales en youtube, o incluso porno.
- Aquéllos que cuando te acercas te vigilan de reojo y minimizan el contenido de su pantalla, fingen mirar el escritorio como las vacas al tren, abren una nueva ventana de google, y sólo les falta silbar mientras escrutan el desvencijado techo, como en los dibujos animados. Son mi tipo favorito porque, al final, de ir tantas veces al mismo sitio nos conocemos todos y siempre hay un momento en que se despistan y puedes saber qué hacen. Y no me negarán la seducción de lo oculto. Con todo, ni siquiera es necesario ver sus pantallas. Años de estudio de este subgrupo me permiten concluir que existen dos variantes en él, a saber:
- Tiene cara de concentración, como si estuviese leyendo el Frankfurter Allgemeine, pero con una leve sonrisa tontilona en la cara. Sin embargo, y esto es clave, en ningún momento llega a reírse. En el 99,85% de los casos es un hombre de cualquier edad, entre doce y ciento ochenta y siete años. Ni que decir tiene que está viendo porno.
- Su cara de concentración a veces roza la de mala leche. Mirada fija en la pantalla. Rostro adusto. De vez en cuando jura en arameo, pero uno no es capaz de descifrar lo que significan los sonidos que emite porque, claro, son arameo, pero podrían transcribirse algo así como “mectupgilpaisdemi alelacompltitiri comunistrojosbolchestup”. Ni lo duden. Está leyendo Libertad Digital y repasando mentalmente todos y cada uno de los ancestros de la familia zetaperina.
