La culpa de que este domingo musical trate sobre este tema es de Gabriel Albiac, que lo sacó a colación en una tertulia con el sabio Agapito sobre fe y razón.
Francis Poulenc es un músico que me entusiasma. Por resumir quizá demasiado y para quien no lo conozca, fue uno de los miembros del que se dio en llamar el “grupo de los seis”, junto con Tailleferre, Milhaud, Honegger, Auric y Durey, y todos ellos tenían en común el sumarse al carro tirado por Satie, quien reaccionó demandando y demostrando sobriedad y un toque de humor ante lo que consideraba excesos edulcorados de la música romántica e impresionista. Los medios “reaccionarios” en este sexteto fueron variados, el jazz, la música brasileña, las teorías estéticas que sustentaban las artes visuales, y un largo etcétera. En pocas palabras, las vías tradicionales de la creación en las vanguardias clásicas: lo popular, lo tribal, lo onírico, la teoría del espacio, el dinamismo, el sinsentido… Ya saben.
Yendo al grano, y otro día volveré sobre su concierto para órgano, una de las óperas fundamentales de Poulenc es Dialogues des Carmélites. Su libreto se basa en un guión que fue encargado a Georges Bernanos para una película que no se llegó a filmar y, a su vez, se inspira en la novela de Gertrud von Le Fort titulada Die Letzte am Schafott [Las últimas en el cadalso]. Se centran uno y otra en el episodio histórico protagonizado por unas monjas carmelitas del precioso pueblo de Compiègne que desafiaron los decretos de secularización establecidos durante el denominado Reino del Terror y fueron guillotinadas en julio de 1794. Finalmente serían beatificadas en 1906 gracias a que la madre María de la Encarnación de Dios sobrevivió y relató el horrendo final de sus hermanas.
Se puede decir que el tema de la ópera es la reflexión y profundización en la fe motivada por el triunfo del terror, y los cambios que se llegan a operar en el creyente ante la inminencia del final.
El fragmento que protagoniza este domingo musical es la conclusión de la ópera: la ejecución de las hermanas carmelitas mientras entonan un Salve Regina. Musicalmente está planteado como un coral en el que a medida que van cayendo cabezas, van callando voces, hasta silenciar a Sor Constance y Sor Blanche de la Agonía de Cristo.
A mí, lo que más me llama la atención es el modo en que tras la primera caída de la hoja de la guillotina, Poulenc introduce un elocuentísimo silencio, mientras que en las sucesivas decapitaciones la marcha de la música no se ve interrumpida. No sé si es la intención del autor, pero a mí me gusta pensar que es una forma de expresar musicalmente el modo en que una atrocidad cometida por vez primera hiere los corazones de las personas, pero que éstas se llegan a acostumbrar a cualquier horror y lo llegan a ver con normalidad, sin que altere su ritmo de vida.
No me digan que no es sobrecogedor.
PS: En el vídeo, grabado en el Met, pueden ver en los papeles principales a Jessye Norman, Regin Crespin, Betsy Norden, Maria Ewing y Florence Quivar.
De esta ópera hay a la venta una maravillosa versión en EMI supervisada por el propio Poulenc y con los solistas que la estrenaron en Francia. Dirigida por Pierre Dervaux y con Denise Duval, Régine Crespin, Rita Gorr, Denise Scharley y Liliane Berton en los papeles principales, es sencillamente redonda.

1 comentario