Conversación entre un enviado británico y el imán Yahya de Saná en relación al Protectorado de Adén (1920).
–Supongo que adoptaréis otros sistemas e instituciones occidentales.
–No creo, -dijo el imán con una sonrisa-.
–¿En serio? Esto es interesante. ¿Puedo preguntar por qué razones?
–Mire usted, no creo que otras instituciones occidentales me pudieran gustar.
–¿Ah, sí? ¿Y podría ponerme algún ejemplo de instituciones que le desagradan?
–Sí, los parlamentos, -dijo el imán-. A mí me gusta ser yo mismo el Gobierno. Tener un parlamento podría ser una verdadera molestia.
–Bueno, eso no es un problema, -dijo el inglés-. Le puedo asegurar que el principio del gobierno responsable con representación parlamentaria no es un elemento indispensable en el aparato de la civilización occidental. Fíjese en Italia, que ha renunciado y, sin embargo, es una de las grandes potencias occidentales.
–Y además hay alcohol, -dijo el imán-. No deseo ver cómo se introduce el alcohol en mi país, donde hasta el momento y por suerte es prácticamente desconocido.
–Me parece muy justo -dijo el inglés-, pero en cuanto respecta a esta cuestión le puedo asegurar que ni siquiera el alcohol es un ingrediente indispensable de nuestra cultura. Fíjese en los Estados Unidos, donde ha sido prohibido y, sin embargo, es una de las grandes potencias occidentales.
–Bueno, por otra parte, -dijo el imán con otra sonrisa, como si quisiera dar a entender que la conversación había llegado a su fin-, a mí no me gustan los parlamentos, el alcohol ni otras cosas por el estilo.(Cit. en Toynbee, A.J.: Civiltà al paragone [trad. al italiano de Civilization on Trial, 1948]. Milán, Bompianti, 2003, 269-270).
