Mi tercer día en Washington DC. Solo como un perro. Ya había visitado todo lo que me interesaba, algunas cosas más de una vez. Paseo por el National Mall. Se me acercan dos chicos muy jóvenes con pinta de mormones, pobres incautos, que no saben que yo en estas circunstancias soy capaz de hablar con una papelera.
Sectarios: Hola. Buenos días.
Yo: Hola. ¿Qué tal?
Sectarios: ¿Conoce usted La Biblia?
Yo: Más o menos. ¿Y ustedes?
Sectarios: Sí, claro.
Yo: Entonces habrán leído el Evangelio según Mateo.
Sectarios: Por supuesto.
Yo: Y entonces sabrán lo que dice en 16, 18.
Sectarios: Dieciséis dieciocho… Diciséis dieciocho… Oiga, pues ahora no caigo.
Yo: ¡Ah! Pues búsquenlo, búsquenlo.
Sectarios: (Abren las Biblias que llevan en sus manos, buscan y leen). “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”.
Yo: Exacto. ¿Y saben cuál es esa iglesia?
Sectarios: (Farfullan algo que no entiendo).
Yo: Pues sí. La Iglesia de Roma. Así que hay dos opciones: o bien la Biblia miente o bien ustedes viven en pecado.
Sectarios: Ehmmmm. Uhmmmm.
Yo: Reflexionen sobre ello y que tengan un buen día.
Cualquiera con unos conocimientos medios de Sagradas Escrituras podría refutar mi argumentación. Es más, incluso yo la podría discutir. Pero les aseguro que si me hubieran entrado bien al trapo, y a pesar de los dos grados bajo cero, yo hubiera dado la batalla.
No pude evitar pensar en Dogma y el ángel haciendo dudar a una monjita.

Tumbaíto
/ 13/09/2008Mi padre les riega; ya no pican.
noatodo
/ 13/09/2008A mí me gusta más asustarlos. En una ocasión unos testigos de Jehová me dijeron algo así como “el fin de los tiempos está próximo” y yo les respondí “si el infierno existe lo tengo ganado hace años, así que no se molesten”. Otros se entretienen haciendo punto de cruz…