El café de las visitas

A mí me gusta mucho el café y a mi señor padre mucho más. Siempre compramos distintas variedades y experimentamos en busca de un soñado café perfecto que, quizá, ni siquiera existe. A veces el experimento sale mal y compramos alguno basuriento: se convertirá en el café de las visitas.

El café de las visitas es un concepto maléfico que inventó un servidor y que mis padres no llevan a cabo porque son más amables, generosos, hospitalarios y mejores personas que yo. Menos mal que me constituyo y erijo en brazo justiciero y ejecutor de la familia. Todos tenemos visitas no deseadas, incluso indeseables: algún pariente más o menos cercano, insoportable, que se acopla en casa sin llamar ni ser invitado y que no se va ni con agua hirviendo; algún compañero de trabajo que se cree bienvenido, nadie sabe por qué; algún vecino que considera que por saludarlo mientras paseo por el jardín comiendo una pera ya somos amiguitos; y un largo etcétera que cada uno puede completar según su experiencia.

Como mis padres tienen una cafetera express, cada café se hace por separado. Pues cuando viene un indeseable, si estoy yo, le enchufo un café hecho con ese grano que ni a padre ni a mí nos gusta, y para nosotros hago uno de los ricos. No cuesta ni más ni menos trabajo. Sólo hay que estar atento a no confundir las tazas.

Y quien no esté a gusto en León, allí tiene la estación.

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6 comentarios

  1. Soy adicto al café con miel. Mis dos adicciones son el café y la miel.

    Últimamente dudo de si el café con miel es una tercera adicción.

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  2. noatodo

     /  20/09/2008

    Nunca lo probé con miel.

    A mí me gusta muy muy cargado, con no demasiado azúcar y un chorrito de leche fría.

    ¿Probó alguna vez el salmón con miel?

    Responder
  3. Pruebe a endulzar el café con miel; a mí me resulta delicioso.

    No, no lo he comido con miel. Si estuviésemos en Burgos ahora mismo nos íbamos al merendero y lo guisábamos.

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  4. noatodo

     /  21/09/2008

    Si tiene ocasión, meta el trozo de salmón bien embadurnado en miel en un papel de aluminio y póngalo a asar en una barbacoa.

    Si no, en una sartén con una microgota de aceite en el fondo y a fuego muy lento.

    En ambos casos, no se olvide de echarle sal.

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  5. No parece muy difícil.

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  6. noatodo

     /  22/09/2008

    Y aunque pueda parecer una cochinada, está muy rico.

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