En la guerra, un beso

Por suerte hace mucho tiempo que no tengo que declarar una Guerra con mayúsculas, entendiendo por tal la batalla en la que soy implacable, tenaz e inquebrantable y que requiere el uso o bien de mis armas de seducción masiva, o bien de toda mi mala baba, que no es poca (*). Las guerras con minúscula las declaro con frecuencia, varias al mes, como por ejemplo mi reciente batalla contra Fernando Palacios y la nueva programación de Radio Clásica. Forman parte de mi encanto.

Sin embargo, las que más disfruto son las microguerras, entendiendo por tal aquellas pequeñas batallas en que el enemigo ni siquiera es consciente de serlo, que generan pequeñas victorias de las que sólo yo me entero, y que hacen que mi interior sonría. Ya les expliqué en otra ocasión el concepto de “café de las visitas“. Hoy les voy a hablar del beso en la guerra.

Como vivimos en sociedad, estamos acostumbrados a que cuando un hombre se encuentra con una mujer, o dos mujeres entre sí, se saluden con sendos ósculos en sus mejillas. La derecha primero, la izquierda después (**). Y, oigan, las formas nunca se pueden perder. Cómo resolver entonces la situación de tener que besar a alguien que, por las razones que sean, no consideras merecedor de tus ósculos.

Caso primero. Te encuentras con una persona a la que no quieres besar. Difícil, pero posible de salvar con elegancia. Si te encuentras a uno de estos especímenes por ahí, en el momento en que todos sabemos que es imposible el evitar el ósculo yo recurro a una estratagema que, aunque parezca burda, funciona perfectamente. Se trata de, milésimas de segundo antes del punto de no retorno que todos sabemos que existe, fingir un traspiés, un tropezón, una pérdida de equilibrio. Inmediatamente hay que hacer algún tipo de chiste o chanza y sacar al toro de su ubicación. Comenzar a moverse y ser capaz de invitar a nuestro interlocutor-no-osculado a hacer lo propio. El momento del beso ha pasado y ya no es necesario volver atrás. ¡Victoria!

Caso segundo. Gente a la que no te importa demasiado besar pero que no consideras merecedora de tus besos. Es mi caso favorito. Solución salomónico-puñetera: un único beso. Me encanta. Tras darlo, sabes perfectamente que la otra persona va a poner la otra mejilla. Entonces tienes que fingir absoluta naturalidad, fingir que no ves la cara de pardillo que se le queda al tener el cuello estirado y los morros en posición de emitir un sonido besuquil y comportarte con absoluta normalidad. Lo ideal es fingir que para ti el saludo oscular consiste en un único beso, comenzando a hablar mirando hacia otro lado o apelando a otro interlocutor si lo hubiere. Es fundamental mantener la compostura y ni siquiera esbozar una leve sonrisa. Es un pequeño triunfo, pero un triunfo a fin de cuentas.

- – -

(*) Quienes me conocen bien suelen decir que no les gustaría tenerme como enemigo. Lo considero un halago.

(**) En Italia, por ejemplo, cuando te presentan a una persona, sea del sexo que sea, lo habitual es darse la mano. Sólo se dan besos cuando hay un cierto grado de afectividad. Incluso entre hombres de la familia o que te consideran de la familia. Sin embargo, ellos besan primero del lado izquierdo y luego del derecho. A veces esta mínima diferencia cultural genera situaciones muy divertidas que dificultan el ósculo. Doy fe.

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5 comentarios

  1. Aquí en Italia, el beso es algo “más”;es una muestra de gran afecto y cariño,de respeto,(sobre todo cuando se trata de personas mayores con las que se tiene algún tipo de vinculación).
    De todas formas, y aunque sea contraria a la leyenda, la realidad es que el italiano es muy poco besucón.
    También influye la geografía:en Milano se es menos afectivo que,por ejemplo,en Palermo o en Nápoles.

    Un saludo cordial.

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  2. Nunca se me habría ocurrido tanta reflexión sobre un beso amigable. Sobre la segunda de “las fórmulas” te pongo sobreaviso: si visitas Gran Canaria, salvo en la zona sur, sólo se da un beso…será quizás que no nos gustan las muestras de afecto… pero a tenerlo en cuenta por si te dejas caer por ahí, no sea que te apetezca el saludo, vayas a dar dos besos, y te quedes con uno “colgado” ;-)

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  3. noatodo

     /  22/11/2008

    Gutiforever: Totalmente de acuerdo. En Italia son poco besucones. Estuve por ahí hace una semana y me presentaron a varias chicas españolas, y como ya tenía el chip italiano, en lugar de besarlas les lanzaba la mano. Luego me daba cuenta del error y acababa besándolas mientras les daba la mano. Totalmente ridículo.

    Un saludo y bienvenido.

    Starling: Gracias por el aviso. Entonces, cuando vaya por allí, si tengo que declarar una guerra, daré dos besos, por aquello de incordiar…

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  4. Yo comienzo a hablarles con cierta indignación de cualquier cosa: “¿sabes qué?”. Y ya me libro del beso. No me resulta difícil (efectivamente, soy un indignado).

    Pero alguna vez me ha pasado que me dicen: “y a todo esto, no nos hemos ni dos besos”.

    ¡Ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!

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  5. No a todo

     /  23/11/2008

    Uhmmmmm. Me gusta. Tomo nota.

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