Como muchos de ustedes ya sabrán, si piden un café en Italia les sirven media taza de moka de café sólo. El precio habitual en la Roma de los romanos, no en la de los turistas, está en torno a los ochenta céntimos.
Una noticia que recoge Il Corriere della Sera. El reportero, con el estilo periodístico italiano que me resulta tan cargante, cuenta que en un bar de la periferia de Roma que está cerca de un campamento de rumanos se toma un café y le cobran los 75 céntimos que indica la carta de precios. Sin embargo, a continuación una rumana pide un café y le dicen que son dos euros. “¿Cómo? ¿Ayer costaba euro y medio y hoy dos?”, replica la rumana. Y la cajera le dice que sí. Unos policías que están en el bar quizá no se enteran de nada a pesar de que la rumana monta un pollo. Cuenta la rumana al periodista que en una ocasión le dijeron “el café es caro para ver si de este modo os vais a otra parte”.
Otra noticia relacionada: el carnet por puntos para inmigrantes.
En el tema de la emigración yo cada vez soy más maximalista. Primero, porque considero una idiotez el suponer que el número de puestos de trabajo es finito y que “vienen a robarnos el nuestro”. Segundo, porque todos queremos tener una vida mejor, y me parece de mala gente el hurtarles a los demás la posibilidad tener un porvenir más venturoso. Y quizá también porque no puedo descartar la idea de hacer la maleta y largarme a buscar fortuna lejos de casa. Después ya entraremos en la letra pequeña, que por supuesto considero que la tiene que haber, pero como punto de partida, éste.
Y como ya hace días que no hablo de Jefferson, una cita por aquello de recordar el tono del siglo XVIII y un enlace a más.
Our ancestors… possessed a right, which nature has given to all men, of departing from the country in which chance, not choice, has placed them, of going in quest of new habitations, and of there establishing new societies, under such laws and regulations as, to them, shall seem most likely to promote public happiness.

Pablo
/ 11/02/2010A tu razonamiento, yo le añado: ¿quién tiene “más derecho” a “sentirse” de un sitio? ¿El que nace en ese sitio por casualidad o el que va a ese sitio conscientemente a emprender un proyecto de vida?
Eso sí, en un mercado libre, uno puede discriminar por precio, luego él sabrá si le sale a cuenta o no. Si a este barman le montan una cafetería al lado en la que pongan el mismo precio para todos… se lo pensará dos veces la próxima vez que haga de Torrente.