El nacionalismo y la imagen

Hablaba el otro día de la politización del paisaje a través de la arquitectura. Pero, obviamente, no es el único modo. A veces, la escultura sirve de refuerzo al añadir la cara del poderoso como un referente más claro para los espectadores.

Y por poner otro ejemplo más próximo a nuestros tiempos:

La lucha por el uso de las imágenes es una constante y, como es bien sabido, los romanos practicaban la damnatio memoriae.

En tiempos modernos, la destrucción de imágenes es metonimia en muchas ocasiones de destrucciones de regímenes de poder. Por ejemplo:

O, por poner un vídeo, el muro de Berlín cayendo. Aunque yo a veces tengo dudas de hacia qué lado cayó.

Los regímenes, cuanto más propenden al ejercicio absoluto del poder, más estricto control de las imágenes y los símbolos han de llevar. Esto es una generalización y habría que pulirla, pero vamos a dejarla así de manera operativa.

Los nacionalistas catalanes lo saben y por eso quieren tapar de la fachada del edificio del Parlamento el escudo de Felipe V, que les cae especialmente gordo porque en su relato de la Historia, juega el papel de villano.

Además de los regímenes políticos que propenden al exceso de poder, hay otros grupos cuya verdad los lleva en ocasiones a destruir imágenes. Me refiero a algunas concepciones religiosas del mundo. La querella iconoclasta en el Imperio Bizantino fue una versión ilustrada de lo que otros harían mucho después. Por ejemplo, algunos musulmanes que no aceptan imágenes que vayan más allá de la letra. Todos tenemos en la mente la destrucción de estos Budas:

Nacionalismo y religión muchas veces están más cerca de lo que parece. Y es muy célebre una cita de Juan Pablo II al respecto, que traduzco:

Nos encontramos ante un nuevo paganismo: la divinización de la nación. La Historia ha demostrado que del nacionalismo se pasa rápidamente al totalitarismo y que cuando los estados no son iguales, las personas acaban por no serlo.

Por cierto, y por no dejar de mencionar la nunca bien (es decir, mal) ponderada Revolución Francesa; conviene recordar que allí fue donde se consagró la sustitución de Dios por el Estado y de los santos mártires por los caídos por la patria.

About these ads
Entrada anterior
Entrada siguiente
Deja un comentario

6 comentarios

  1. Me ha gustado mucho. Se hace hincapié sobre la propaganda en prensa y televisión, pero la arquitectura como “imagen en la calle”, también es usada como medio de propaganda. Creo que a más propaganda, menos contenido e ideas. Siempre recuerdo el infame bipartito galaico que nos sorprendía en La Coz de Galicia con todavía más propaganda institucional en sus páginas. Si al menos fuera bonita…

    Responder
  2. viejecita

     /  09/05/2012

    Un par de cosas:

    – Por desgracia, en cuanto a arquitectura y monumentos, los feudalismos, las monarquías absolutas, y las dictaduras de todo tipo, suelen tener aplastados a los de a pié de sus tiempos, pero a cambio, dejan para la posteridad monumentos espectaculares. Eso que decía Orson Welles en “El tercer Hombre”, comparando la Italia de los Borgia, con l el renacimiento al final, y la tranquilidad, la paz y la democracia de Suiza, y su consecuencia, el reloj de cuco…

    – No estoy de acuerdo con S.S. Juan Pablo II, ni en que los estados tengan que ser iguales, ni, por supuesto, en que tengan que serlo las personas. Que todas tengan que tener una libertad y una responsabilidad básica para vivir su vida , sí. Que la ley sea igual para todos, también. Pero ¡Todos iguales! ¡Que pereza y que aburrimiento!

    Responder
    • Jajaja. Siempre podemos sustituir Suiza por el Estados Unidos de los Padres Fundadores y ver a Thomas Jefferson diseñando la universidad de Virginia. ;) Pero sí; tienes razón.

      A las palabras de JPII yo no les doy esa lectura. Quizá las haya citado con poco contexto y eso las distorsione. Traduzco un poco más:

      7. Si reflexionamos sobre lo que hay en la base de los comportamientos colectivos que acabamos de recordar en África o Europa, descubrimos fácilmente la presencia de nacionalismos exacerbados. Y no se trata en este caso del amor legítimo por la patria o el afecto por la identidad, sino de un rechazo del otro en su diversidad y con la intención de imponerse sobre él. Todos los medios son buenos: la exaltación de la raza hasta el punto de identificar nación y etnia; la sobrevaloración del Estado que piensa y decide por todos; la imposición de un modelo económico uniforme; el aplastamiento de las especificidades culturales. Nos encontramos ante un nuevo paganismo: la divinización de la nación. La Historia ha demostrado que del nacionalismo se pasa rápidamente al totalitarismo y que cuando los estados no son iguales, las personas acaban por no serlo. De este modo, la solidaridad natural que existe entre los pueblos es destruida; el sentido de las proporciones, retorcido; el principio de la unidad del género humano, despreciado.

      Responder
      • viejecita

         /  09/05/2012

        ¡Tienes razón, en lo de JPII.!
        submarino hundido.

Deja tu opinión

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 76 seguidores