Un paisano portugués, que decía ser curandero, drogaba y violaba a sus clientas. La semana pasada conocíamos otra noticia similar: un enano colombiano afincado en España hacía lo mismo.
Parece ser que no todos tenemos claro que no conviene fiarse de gente que baila a tu alrededor con una calavera y un palo, pegando alaridos y promete curarte el cáncer.

