4 de julio de 1826

Con su permiso, repito un post de hace dos años. La ocasión lo merece.

Otro cuatro de julio, cincuenta años después de aquél que se hizo famoso, morían John Adams y Thomas Jefferson, segundo y tercer presidentes de los Estados Unidos, en sus casas de Quincy (Massachusetts) y Monticello (Virginia). Respectivamente y respectivamente. Defensores de posiciones políticas divergentes, habían sido amigos, habían roto su amistad y, cuando ambos se habían retirado de la vida política, habían retomado epistolarmente su relación. Las últimas palabras que pronunció Adams antes de cerrar para siempre sus ojos fueron:

Thomas Jefferson está vivo.

Como en tantas otras ocasiones, se equivocaba el viejo Adams; Jefferson había muerto pocas horas antes.

***

El texto del epitafio es del propio Jefferson, llamando la atención sobre aquellos logros de su vida de los que más orgulloso se sentía. Sobre la Declaración de Independencia sigo recomendando esto. Sobre Jefferson, esta biografía. The Thomas Jefferson Hour sigue siendo genial. Y además de ahí, hablé de Jefferson  aquíaquíaquíaquíaquíaquíaquíaquí y probablemente en más ocasiones que no recuerdo.

Ah, sobre John Adams hay una miniserie de la HBO producida por Tom Hanks que, a pesar de que de vez en cuando se les nota el pelo de la dehesa y se les escapa una progrez que tiembla el misterio, está bastante potable. Recomiendo fumarse la primera media hora del primer capítulo, que es un tostón.

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2 comentarios

  1. Creo que te lo he contado alguna vez, y si no lo he hecho no te va a sorprender. Cuando empiezo a explicar la Constitución, entre las muchas must read que doy a mis alumnos está la declaración de independencia (algún año se han leído el “pack completo”). Este año incluso acompañada del vídeo del momento en cuestión de la serie John Adams. Lo hago justo antes de empezar con la nuestra, para demostrar no sólo como este texto sigue siendo contemporáneo, sino como, con unas sencillas frases, se puede decir lo importante, y lo (único) que debería guiar un pueblo, entendido como ciudadanos libres, y por tanto el contenido mínimo de una Constitución… luego empezamos a leer la nuestra desde el preámbulo de la nuestra… y no paramos de llorar :-)

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    • Jajajaja. La verdad es que me parece un método estupendo. Al menos tú les enseñas que hay vida más allá de “la Constitución que nos hemos otorgado”. Puag.

      Responder

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