Las campanas que nos robaron

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Cada vez que alguien que sabe más que yo tiene algo que decir, para mí es un placer callarme y escuchar. Por ello, estoy encantado de que uno de los amigos lectores (que quiere permanecer en el anonimato) me haya hecho llegar este post en relación al valor real y simbólico del robo y recuperación de las campanas de la catedral de Santiago en medio de la Reconquista. Para mí supondría un placer y un honor que éste fuera el principio de una duradera colaboración. Dice:

Me topé hace poco con un magnífico ejemplo de "memoria histórica", que dada la actualidad del tema no me he podido resistir a comentar.

En la Primera Crónica General, de Alfonso X, se recoge, entre otras cosas, cómo San Fernando (esto es Fernando III el Santo) se ocupó de los deberes del rey cristiano luchando contra los infieles, en especial en sus actuaciones en la reconquista. La toma de Córdoba, más allá de la importancia estratégica y el fuerte impacto psicológico de su conquista, supuso también la compensación de un antiguo agravio. En el 997 Al-Mansur, "El victorioso", llegó en una de sus terribles y famosas aceifas a Santiago de Compostela, de donde se llevó las campanas de la catedral como prenda inestimable para adorno de la mezquita de Córdoba. La crónica nos relata la actuación de Fernando III en medio del gozo de la victoria:

"Et fallo y las canpanas de la yglesia de Sanctiago apostol, de Gallizia, que aduxiera y Almonzor quando entro alla, et las aduxo ende por desonrra de los cristianos et pusolas en la mezquita de Cordoua, et y estodieron fasta esta conquista que el rey don Fernando fizo de la çipdat de Cordoua…El rey don Fernando fizo entonçes tornar aquellas campanas mismas et leuarlas a la yglesia de Sanctiago de Gallizia: et la yglesia de Sanctiago rreuestida dellas, fue muy alegre, et ayuntaron otras esquiliellas que sonauan muy bien, et los romeros que venien et las oyen et sabien la rrazon dellas, alabauan por ende en sus uoluntades a Dios en las sus santidades; et con gran alegria que auian ende, alabauanse en sus santos, et alabauan el rey don Fernando et bendizienle, et rogauan todos a Dios por el, quel diese uida et le mantouiese".

La devolución de estas campanas era una cuestión de honor, un hecho simbólico con gran carga emotiva para aquellas gentes y que parece enlazar con la sentencia de Santo Tomás con la que se abre este blog "Justicia es dar a cada uno lo suyo". Desgraciadamente la "memoria histórica" de nuestra época no parece pretender dar a cada uno lo suyo, sino más bien proporcionar una revancha mal entendida. Y si no que se lo digan a los descendientes de Andreu Nin...

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