El amigo Carlos Balbás llama mi atención sobre este reportaje publicado en El Mundo sobre el país-secta. Merece la pena echarle un vistazo. Selecciono algunos fragmentos:
Responsabilidad colectiva. (…) Explica la política del régimen de Pyongyang de extender el delito de subversión a toda la familia del acusado e incluso a sus vecinos. El razonamiento es simple: el opositor ha contaminado ideológicamente a su entorno, cuyos miembros deben responder por no haber prevenido las grietas en el sistema de pensamiento único. Hasta tres generaciones de una misma familia -abuelos, padres e hijos-, cuando no los residentes de un bloque entero, son enviados juntos a prisión.
Los exiliados norcoreanos llevan años describiendo la aplicación de la Responsabilidad colectiva, ejecuciones en grupo, abortos forzados de fetos que también se consideraban genéticamente contaminados, ensayos de armas químicas en presos o la existencia de campos de concentración con decenas de miles de presos políticos. La reacción inicial al escucharlos suele ser la misma con la que se recibieron las primeras noticias sobre Auschwitz. Debe haber un error. Exageran. Nadie sería capaz…
No hay, sin embargo, contradicciones ni fisuras en los relatos. Sorprende en cambio la similitud y concreción de los detalles, a pesar de ser ofrecidos por personas que no se conocían entre ellas, procedían de partes diferentes de Corea del Norte y habían estado en diferentes prisiones. (…)
Esta semana se han hecho públicas fotografías por satélite que confirman y ofrecen nuevos detalles sobre los campamentos de concentración norcoreanos, conocidos como “Zonas de Control Total”. (…) [En] el C-22, (…) las organizaciones de Derechos Humanos calculan que podría haber encerradas hasta 50.000 personas.
(…) Toda esa evidencia indica que los norcoreanos están padeciendo purgas similares a las que vivió la Unión Soviética de Stalin o la China maoísta de la Revolución Cultural (1966-1976). Y todo, sin que ocupe apenas la atención en foros internacionales o medios de comunicación.
El resultado es que la mayor parte de las cerca de 200.000 personas que están encerradas en los campos norcoreanos, según fuentes de la disidencia, probablemente nunca se opusieron al régimen. Han sido condenas por si acaso. Algunos, como Shin Dong Hyuk, ni siquiera llegaron a entrar en el campamento. Nacieron en él como consecuencia de la política de Responsabilidad colectiva. (…).




