Hace ya bastante tiempo que Starling y yo nos conocimos a través de internet, este mundo paralelo en el que, tantas veces, los amigos no tienen nombre, ni cara, ni edad, ni profesión, ni domicilio. Desde entonces, día tras día, he leído con atención e interés su blog, siempre cargado de sentido común. Desde que empecé a escribir me he encontrado con unas cuantas personas con las que existe una sintonía muy especial. Starling está entre ellas. Y no solamente porque casi siempre estemos de acuerdo, sino porque además de culta, se ve a quilómetros que es muy buena gente.
Quizá el mayor logro de mi blog haya sido conseguir el público que yo quería tener: gente muy variada en lo ideológico, bien formada, y con intereses culturales. Vaya, el tipo de personas de las que me gusta rodearme en mi vida cotidiana. Me enorgullece mucho saber que me leen algún quasi-anarquista, conservadores, liberales, democristianos, socialistas, gente muy estatista, incluso algún nostálgico de Don Claudio, al menos un votante de Izquierda Unida y algún nacionalista gallego.
Starling ha tenido el detalle de concederme el Premio Dardos y escribir, además, unas generosas palabras. Quizá lo que más me haya tocado la fibra sensible haya sido enterarme de que gracias a mí, o quizá por mi culpa, de vez en cuando escucha la música clásica con la que yo doy la chapa al menos un día por semana.
El premio supone un reconocimiento por la transmisión de valores culturales, éticos, literarios y personales a través de un blog, valorando la creatividad. Las reglas, las habituales: escribir un post, citar a quien lo concede, avisar a quienes lo reciben, enlazar al menos cinco blogs y exhibir el premio.
En esta ocasión me apetece compartirlo con la gente que siempre está ahí, a la que tengo enlazada desde el origen de los tiempos, a los que siempre leo y casi nunca menciono. A tres personas que, además de una cultura envidiable, tienen el don de saber utilizar las palabras y yuxtaponerlas de maneras absolutamente mágicas. Me gusta mucho recordar aquella conversación entre un espontáneo e Igor Stravinsky en la que el primero le preguntó si era muy difícil componer una sinfonía y el maestro le respondió que o bien era muy sencillo o bien era imposible. Pues bien, esta gente sabe hacer arte con las palabras, mientras que la mayoría de nosotros no pasamos de saber comunicarnos. Y por mucho que nos esforcemos, nuestra música es para charangas.
Como sé leer y contar, ya sé que debería concedérselo a, al menos, cinco personas. Pero es que cada uno de mis galardonados vale como mínimo por dos. Por orden alfabético:
-El blog de Adaldrida.
-En Compostela.
-Rayos y truenos.
Muchas gracias, Starling, y un abrazo.