Los deportistas, disfrazados

Los supongo informados de que los deportistas españoles desfilarán por Londres con esta atrocidad de disfraz atuendo:

Bien; pues por si esto fuera poco, ya conocemos cuáles son los complementos que lucirán los pobres, que serán los horrendos nacionales.

1) Este horrible polo.

2) Estas espeluznantes zapatillas.

3) Esta ridiculez de mochila.

4) Esta cosa con forma de corbata.

Ya no sólo serán meritorias las medallas que ganen; será meritorio que encuentren fuerzas para salir con semejantes esperpénticos espantos a la calle.

¿Quién es el diseñador y de dónde ha salido?

Encuesta: ¿Soy un perroflauta?

En un comentario que por lo tempranero supongo que hizo con una legaña gigante en el ojo que le impedía ver con claridad, mi amigo Ventu afirma que unas de mis zapatillas preferidas son de ppp, de ppp, de ppp, de pppperroflauta. Es que sólo escribirlo ya me cuesta. Y mira que me han llamado cosas, a la cara o por la espalda, equivocadas o incluso acertadas. Pero que puedo tener algo, por mínimo que sea, de perroflauta ya es lo que me faltaba por oír después de que, presuntamente, “estoy arruinando este (nuestro) país”.

Dicho todo ello, en el margen izquierdo del blog he colocado una encuesta para ver si ustedes comparten la opinión del miope Venturetto sobre la perroflautidad, perroflautez o el perroflautismo de mis zapatillas.

¡Ah!, por cierto, Ventu, que el malentendido no quede entre nosotros. Independientemente de los resultados de la votación, exijo una satisfacción. Plas.

Entretiempo (y de viaje)

cazadoraA pesar de que me encanta comprar ropa, tengo una serie de problemas con algunas prendas. Por ejemplo, no soporto ni los polos ni las camisas de manga corta. Según mi visión del mundo, una camiseta no puede tener cuello de la misma manera que una camisa no puede no tener mangas.

Y otra tipología que no soporto son las cazadoras. Es que no me veo. De los anoraks, ni hablo ya. Eso de ir vestido de astronauta, de esquimal o de muñeco Michelín me supera.

Y es que cuando me tengo que cubrir, yo soy de chaqueta, americana, cazadora vaquera o ya me paso a los abrigos; más o menos largos, más o menos gruesos, de diversos tejidos, cortes y colores, en fin, un abrigo de toda la vida. Sin embargo, ayer, quizá por la fiebre que acompaña a la gripe que sufro –que quizá sea A o quizá sea W, me da igual ya que no voy a dejar que mi mala salud de hierro entorpezca mi vida cotidiana–, me he comprado una cazadora. Si he de echarle la culpa a alguien, se la echo a Jack and Jones, una tienda cuya ropa o me encanta o me horripila. Bueno, pues ayer me lo hubiera llevado casi todo.

Y puede que a ustedes les parezca que comprar una cazadora sea lo más normal del mundo, pero yo no recuerdo haberme puesto una desde el instituto.

***

Por cierto, que me voy de viaje y esta vez he estado muy liado y no he tenido tiempo para redactar posts y dejarlos programados, como tengo por costumbre. Así que, excepción hecha de la música clásica de este domingo y el próximo, no nos volveremos a leer hasta dentro de diez días.

Un abrazo a todos.

Que no incordien ni opinen

intimissimiA la batallita. Ayer entré en una tienda a comprar unos gayumbos aprovechando cinco minutos exactos que tenía sueltos a última hora de la mañana. Cruzo el umbral, y una dependienta me increpa:

      –Hola, ¿puedo ayudarte en algo?

 

    –No, no. Muchas gracias. Sólo quería echar un vistazo. Gracias.

Entro y empiezo a mirar. Quede dicho que los gayumbos estaban colgados en perchas ordenados por modelos y tallas. Vaya, que más fácil era imposible. Se me acerca la dependienta antedicha y susodicha:

    –Si necesitas ayuda me lo dices.

Mientras pienso “vuelta la burra al trigo” contesto con sequedad:

    –De acuerdo. Gracias.

Veo varias cosas que me gustan y separo cada modelo en mi talla. Vuelve:

      –Si necesitas alguna talla en concreto o algo, me lo dices.

 

    –Nada, nada, no te preocupes. Ya me encargo yo.

Ya ni le doy las gracias ni niños muertos. Además de los que ya había separado para llevarme, encuentro otro que me gusta. Miro todos los que hay colgados de ese modelo y ninguno de ellos es mi talla. Mientras yo buceaba otra dependienta, como una pescantina, grita desde la caja:

    –Cuqui (o algo así), hay tallas L abajo de todo. Búscale ahí una.

La vena que se me hincha. ¡Hay tallas L abajo de todo! ¡HAY TALLAS L ABAJO DE TODO! La muy ******. Me giro para decirle:

    –No, no. No te preocupes. Utilizo una M. Y no hay.

¡Descarada! Que una cosa es que haya engordado y otra es que se meta usted en mis lorzas. ¡Mi barriga y yo exigimos un respeto!

Y es que las dependientas se creen que a los tíos no nos importa que nos digan que hemos cogido quilos. Pues sí. Nos importa.

Y cuando digo que no necesito que nadie me ayude, quiero decir exactamente eso: que no necesito que nadie me ayude. “No” significa “no”, de la misma manera que “sí” significa “sí”.

Y reclamo desde hace tiempo, con total convencimiento, que en las tiendas de ropa masculina haya sólo chicos. Estoy harto de ver como en las tiendas de ropa femenina atienden mujeres, y en las de ropa masculina, también. Especialmente habida cuenta que el dependiente más eficiente que he conocido en mi vida es un chico que se sabe su tienda de memoria. “¿Tendrás estas zapatillas en una 44?”. Sea cual sea su respuesta, va a misa. Tanto si es “no, se han acabado”, como si es “sí, quedan tres pares en el almacén”, sé que es así. Y, sobre todo, este chico entiende perfectamente que no tiene que decir a los clientes si algo les queda bien o mal, porque tienen ojos en la cara. Y de la misma manera sabe que si alguien quiere algo se acerca a él y le pregunta. Siempre tiene una sonrisa, una palabra de saludo en cuanto cruzas la puerta, una conversación correcta mientras pagas y un “adiós” cuando te vas. Hay que patentarlo y distribuirlo.

¿Será ésta la respuesta a la pregunta que me ronda la cabeza y con la que doy la chapa a todo el mundo con la intención de forrarme desde hace algún tiempo: qué demanda la gente? (Pregunta que aprovecho para hacer extensiva a ustedes).

Que no incordien, que no opinen, y que sólo me hablen para saludarme cuando entro y para cobrarme antes de que me vaya. Exactamente así. No me parece tanto pedir.

- – -

NOTA: Tras escribir este post tal y como me salió del bazo puse en práctica lo que comentaba Máiquez el otro día y eliminé el primer párrafo, en el que daba unas vueltas sobre Mt 5,37: Sea vuestro lenguaje: ‘sí, sí’, ‘no, no’. Me gusta.

¿Es fea?

ropa-feaA pesar de que soy un malvado consumista de los que se da a las tiendas y a los tarjetazos con gran facilidad, por alguna razón ese gen dominante ha estado muy aletargado. Tanto es así que la última vez que salí de compras con intencionalidad consumista clara fue cuando compré la famosa corbata de continuidad. Lo sé. Estoy desconocido. ¡Casi cinco meses! Se nota que me hago mayor.

En todo caso, este día tuve una hora perdida por la tarde y aproveché para ir a quemar la tarjeta de crédito. Oigan; estoy traumatizado. ¿Fue una impresión porque aunque yo pudiera creer lo contrario tenía el día de no, o es que la ropa de esta temporada –excepción hecha de trajes, camisas y corbatas– es feocérrima, pero con saña y alevosía?

Por cierto, me llamó la atención que en muchas tiendas hay saldos. No sólo en pequeños negocios, sino también en Zara y similares. Y como ya saben por donde voy a tirar, no hace falta que lo explique.

Una corbata

corbataHace meses que la encontré. Allí estaba, tienda tras tienda, en todas las de Zara. La vi y pronuncié una de mis más célebres frases: “tiene que ser mía”. Como siempre, no estaba dispuesto a pagar los casi veinte euros que costaba. Tenía que comprarla a 5,90, que es lo máximo que las rebajan. Ya estuvo en mis manos en otra ocasión con un descuento del 50% y la dejé escapar, a la espera de que llegara al setenta. Pero no pude más. Después de tener una revelación por la noche, fui a buscarla. A propósito, sí. Y, lo que son las cosas, han decidido que ahora “es una corbata de temporada” y vuelve a estar a su precio inicial: 19,90 euros. Como no siempre se gana del todo y no estoy dispuesto a esperar a las próximas rebajas, me la he comprado. Cuatro meses después y al precio inicial. Pero sigue siendo igual de maja y hoy mismo la luciré. Lección aprendida (o mejor dicho, recordada): Amancio no se hizo muchimillonario rebajando corbatas.

Para ir guapo en Nochevieja

traje-cibeles-no-se-quienMe cuesta creer que haya hombres que salgan mal vestidos en fin de año, sobre todo porque es sota, caballo y rey. O por mejor decir, sota y caballo. Pero vi cada cosa la otra noche… Si usted sabe vestirse, ni se moleste en leer. Si tiene dudas de cualquier tipo, los experimentos con gaseosa, o se arriesga usted a ser el horrendo nacional. Dejo aquí un modelo básico para que quien llegue vía google pueda salir guapetón, aún no sabiendo combinar las dos partes de un traje.

0.- Arregle esos pelos que cubren su cara y cráneo y corte los aguiluchos de las manos y los pies, hombre, que vamos de fiesta.

1.- Abra usted su armario. De entre sus trajes negros, elija el que mejor le siente. Si no es capaz de determinar cuál es el que mejor le sienta, elija el que más le guste. Si tampoco sabe cuál es el que más le gusta, elija el más nuevo.

2.- De entre sus camisas blancas elija la que le parezca más formal.

3.- Si su pecho es piloso, cójase una camiseta blanca lisa de cuello alto y manga corta. Fíjese bien que digo cuello alto (foto; también este modelo es válido).

4.- Coja unos zapatos negros de vestir y unos calcetines negros lisos.

5.- Elija un cinturón formalito de piel negra, con una hebilla sencilla. Fíjese que digo sencilla, no necesariamente simple. No se preocupe; según su edad comprará en unas tiendas u otras y seguro que lleva lo adecuado. A menos que sea usted un hortera de verbena. Si lo es, coja un cinturón de su padre. ¡Y nada de dorados!

6.- La corbata es todo un arte y los estampados son peligrosos, así que para no complicarnos elija una de un único tono. Que sea un poco alegre, hombre, que no va al entierro de la sardina. Quizá en color vino. O algún naranja, rojo o verde que no sea muy berberechero. Nada de azules. Tampoco violeta. ¡Rosa ni en broma!

7.- Elija un abrigo negro de corte clásico.

8.- Sería un detalle que la ropa interior fuese a juego con la corbata. Nunca se sabe si nos va a atropellar un coche y acabar en el hospital sin pantalones.

9.- No dude en echar un poco de colonia, hombre.

Póngase todo encima y salga a la calle. Irá usted monísimo o, al menos, decente. No olvide que:

1.- A lo largo de toda la noche no se puede sacar la chaqueta.

2.- Si va a estar sentado, chaqueta desabrochada. Si está de pie o bailando, al menos un botón abrochado. Si la chaqueta tiene dos botones, el superior. Si tiene tres, el del medio. Si tiene cuatro, el segundo empezando por arriba y quizá el tercero. Si va a bailar como un poseso, moviéndose como en una clase de Eva Nasarre, el punto anterior y éste pierden validez. Sáqueselo todo o parecerá loco.

3.- El nudo de la corbata va en función del cuello de la camisa. Si la separación de los picos es amplia, nudo Windsor. Si es pequeña, medio Windsor o nudo sencillo.

4.- A lo largo de toda la noche está prohibidísimo desabrochar el botón superior de la camisa o aflojar el nudo de la corbata. Prohibidísimo.

Y no se crea eso que dicen de que es el cuerpo lo que hace que el traje quede bien. Cualquiera vestido de traje gana, como demuestra esta foto.

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