Viena dice no a las olimpiadas

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A la pregunta “¿Debe la ciudad esforzarse para ser sede de los Juegos Olímpicos de verano 2028?”, el 71,94% de los vieneses que participó en una consulta votó “no”.

Bailemos un vals.

(Johann Strauss II: Vals del emperador, op.437, Filarmónica de Viena, Georges Prêtre)

¿Pero China no era una democracia?

La hipocresía de Occidente pocas veces conoce límites razonables. Ahora, que los monjes budistas y la población civil del Tíbet se están rebelando de nuevo contra el régimen comunista que los “asimiló” hace cincuenta años, mucha gente se cuestiona, cínicamente, si ha sido una buena idea elegir China como país en el que celebrar las olimpiadas.

Los estados democráticos, que siempre se llenan la boca de palabrería barata sobre la defensa de la libertad y demás han contribuido a que la llama olímpica esté de viaje desde el lugar en que nació la democracia hasta uno de los más veteranos estados comunistas del planeta.

Ahora, desde el parlamento europeo se empieza a decir que la paciencia de Europa tiene un límite, y por otra parte Sarkozi, el del ego infinito, sale a la palestra para sugerir que quizá fuera necesario plantearse la pertinencia de asistir a unos Juegos Olímpicos en un lugar en que no existen las libertades. Eso sí, al día siguiente matiza. Y al tercero, en Inglaterra dice que nada de boicots.

Parece mentira que con toda la información que podemos tener a disposición si la queremos leer, sea necesario que la policía golpee contundentemente a disidentes que dejando por un momento sus lugares de meditación tratan de defender la libertad, para que el hipócrita Occidente, de repente, despierte de un falaz y ominoso sueño y recupere una voz que, tímida y cobardona, recuerda lo importante que es ser libre.

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